Cómo tener un perro bien educadoCómo tener un perro bien educado

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Si siempre estás preocupado por quedar bien entre la gente, es necesario que pienses en no desfigurar a tu perro que, criado por ti, debe demostrar que ha recibido una muy buena educación.

 

Que tú perro tenga la simpatía de las personas o el disgusto de los demás depende de ti. Si desde las primeras semanas de vida de tú perro, eres capaz de enseñarle con dulzura y firmeza, cuáles son las cosas que no debe hacer,  puedes estar absolutamente seguro de que nunca olvidará las lecciones que ha recibido, y todo el mundo lo amará y lo encontrará comprensivo.

 

No cometas el error de usar modales bruscos con él. Si le hablas con un tono imperioso, el perro sufre y siente desconcierto y dolor. Empezando por el deseo de rebelarse, tu “mejor amigo” terminará mirándote con los ojos llenos de reproche, y en el peor de los casos, será avergonzándote y continuará haciendo lo que le plazca hasta el día en que tu distracción le animará a escapar. Por lo tanto, ármate de paciencia y bondad, y deja que tú perro se convierta en un modelo de educación, obediencia y discreción a diario.

 

Aunque esto pueda parecer una paradoja, eres tú quien debe dar un buen ejemplo al perro: la bestia te observa, y como su instinto le lleva a la imitación, se pondrá nervioso si tú estás nervioso, tranquilo si tú estás calmado, y ladrará fuerte si tu voz se levanta a menudo y sin razón hacia él. Dado que vive todo el día contigo, es lógico que dependa de ti su comportamiento, y consecuentemente, ser amado o retenido por la gente que te frecuenta todos los días.

 

A pesar de su relación con el “maestro” porque vive junto a ti -como hemos dicho-, un perro siempre será un perro, y como tal tienes que tratarlo, mientras quieras todo el bien que se merece.

 

Cuando estés en la mesa, no permitas que ponga sus patas y su hocico en el mantel, mirándote mendigando un pedacito de carne, especialmente si tienes invitados. Primero que nada, dale de comer antes de que tú y tu familia se pongan en la mesa; con el estómago lleno, le será menos fácil estirar la pata para conseguir el pequeño premio. A continuación, ponte de acuerdo con todos los miembros de la familia y posibles invitados para que nadie -ni siquiera los niños- pueda ceder a sus súplicas.  Esto mismo se aplica si se sienta en una mesa de bar para tomar una bebida o taza de té. No levantes la voz si tú perro se acerca a la mesa, míralo a los ojos y dile dónde debe quedarse. Hazle una caricia en la cabeza, y tal vez con un trozo de galleta prémialo; hazlo siempre, no olvides nunca: ésta es la única manera de hacernos comprender y obedecer por aquél que, aunque está dotado de una buena inteligencia, ciertamente no es capaz de razonar y pensar.

 

El ladrón de perros, que nunca se deja robar el trozo de asado abandonado momentáneamente en el plato, también es un asunto para ti. La primera vez que comete un robo de este tipo, lo desmoronas sin alzar la voz y golpearlo: si esto vuelve a ocurrir, actuarás con un poco de astucia; debes poner sobre la mesa, en el mismo lugar, una mordedura que atraiga su atención, espolvoreado una cantidad exagerada de sal y pimienta sobre el cebo. Luego de esto, el perro relacionará la acción de robo con la del disgusto que sintió al comerse la presa salada.

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