Similitudes físicas y de temperamento entre mascotas y dueñosSimilitudes físicas y de temperamento entre mascotas y dueños

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Ciertamente habrás notado la evidente similitud física entre una persona y su mascota: a menudo son los rasgos faciales de la persona los que tienen una similitud extraordinaria con los rasgos del hocico del animal, otras veces es el color del pelaje del animal el que tiene la misma sombra y una forma muy similar a la del pelo de la persona, otras veces es el tonelaje físico, el indicador más evidente.

Es más fácil darse cuenta de este fenómeno entre un perro y su dueño, pero aunque con menos pruebas, esto ocurre con todos los animales domésticos; ya sean gatos, caballos, conejos; quizás un poco menos con hámsteres, conejillos de indias, hurones y ratones.

 

El caso clásico es el de la persona con rasgos sutiles, cuerpo magro y longilínea que se acompaña de un galgo, o el de la persona con sobrepeso, quizás con barbilla doble y con un cuerpo bajo que sale con un bulldog. Otras veces la raza del perro no es evidente, estos son perros híbridos donde no hay rasgos “estandarizados” y definidos porque fue la magia misma de las infinitas combinaciones de vida lo que condujo al nacimiento de un perro con aquellos rasgos físicos muy específicos que, sin embargo,”aleatoriamente”, son IDÉNTICOS a los de su referencia humana.

 

A los ojos de una persona común, que por razones obvias sólo se detiene en los aspectos más superficiales del asunto, estas similitudes aparecen a menudo curiosas, sorprendentes y divertidas. A los ojos de un experto, es decir, de aquellos que diariamente tratan con los animales y sus compañeros humanos y que por razones terapéuticas tienen que penetrar en los aspectos más profundos de la relación animal-hombre, esas mismas similitudes son todas iguales.

 

Cuando hay una similitud aparente menor de rasgos somáticos, a menudo hay una similitud más “sutil”, aunque uno no excluye al otro. En otras palabras, si hay un parecido que se puede entender más bien a la apariencia física, no hay nada que excluya que exista al mismo tiempo una conformidad similar también de temperamento, carácter y viceversa. Sin embargo, lo que distingue los dos aspectos, el físico y el más “sutil”, es precisamente el hecho de que el segundo, precisamente porque no es visible a los ojos, suele tener connotaciones más marcadas que son inmediatamente evidentes para el ojo experto y acostumbrado del terapeuta que investiga los fenómenos interrelacionales entre las personas y sus animales domésticos y que a menudo se encuentran en la base de esos fenómenos etiquetados como “trastornos del comportamiento” del animal.

 

El caso “clásico” es el de la mordedura de perro. Un perro no es tal para el “deber de nacimiento”, pero puede llegar a serlo si vive en ambientes formados por seres humanos dedicados a la violencia, ya sea física, verbal o incluso, si no más, donde la violencia es reprimida y no expresada ni a nivel físico ni verbal, pero el animal es perfectamente capaz de percibirla y, tarde o temprano, la expresa; usar pretextos en este caso es a menudo inútil.

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