Las siete señales de filariasis en el perro: Diagnóstico y cuidados

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Los síntomas de las infecciones por filariasis pueden tardar meses en aparecer. Éstas son algunas de las señales más comunes. La filariasis se comporta como un asesino silencioso y a menudo se descuida hasta que es demasiado tarde.

Esta patología puede ser el resultado de la picadura de un mosquito y terminar con una terapia larga y costosa o la muerte. Los síntomas desgraciadamente se presentan una vez que el parásito ya ha alcanzado su estadío más avanzado (normalmente después de unos 6 meses).

 

Los signos de filariasis en el perro

  1. Tos seca: Los parásitos entran en los pulmones, comienzan a multiplicarse y rodean las venas. La tos puede notarse especialmente después del ejercicio y puede terminar con desmayos, también debido al ejercicio ligero.
  2. Inactividad o letargo: El perro de repente parece que se cansa más a menudo, no quiere salir y evita cualquier actividad física. Son débiles y poco activos, incluso cuando se trata de ejercicios físicos ligeros.
  3. Pérdida de peso o anorexia: Las actividades físicas menores, como comer, también pueden convertirse en ejercicios difíciles y agotadores.
  4. Problemas respiratorios graves y ansiosos: Al igual que con la tos, los problemas respiratorios ocurren cuando los parásitos residen en los pulmones y rodean las venas, creando un líquido que también se puede asentar alrededor de los vasos sanguíneos en los pulmones, haciendo difícil que éstos oxigenen la sangre.
  5. Tórax protuberante: Las costillas aparecen sobresalientes y el pecho se ve hinchado debido a una infección por filariasis avanzada. Este síntoma puede ser el resultado de la pérdida de peso y la anorexia o acumulación de líquido en respuesta a la presencia del parásito.
  6. Reacción alérgica: Aunque la reacción alérgica afecta más fuertemente a los gatos, también es posible que los perros muestren síntomas similares o asmáticos.
  7. Cultivo: En la mayoría de los casos, la filariasis invade el corazón y bloquea el flujo sanguíneo (conocido como vena hueca o síndrome de vena hueca). El colapso generalmente se acompaña de un shock y destrucción de los glóbulos rojos y la muerte puede suceder en unos pocos días.
  8. Otros síntomas pueden ser: Neumonía secundaria,  qumento de la presión arterial, sueño excesivo, convulsiones, ceguera, cojera. Ocurren cuando los parásitos infectan órganos que no son el corazón y los pulmones, infectando áreas como el cerebro y los ojos, aunque esto sucede raramente.

Algunos de los síntomas mencionados anteriormente también pueden ser signos de otras patologías, haciendo más difícil la detección de infecciones por filariasis. Sin embargo, hay una serie de herramientas que nos permiten entender con precisión a qué patología nos enfrentamos.

Diagnóstico y cuidados

Las pruebas más utilizadas para detectar las distintas etapas de infección según el CVA son el análisis de una muestra de sangre bajo microscopio y la búsqueda de los antígenos de la filaria, proteínas producidas por el virus mismo. Otros exámenes pueden, por otra parte, detectar la presencia de anomalías mediante células sanguíneas completas y evaluar el nivel de funcionamiento de los órganos internos.

Las imágenes de rayos X (radiografías) pueden detectar inflamación, agrandamiento o hinchazón del corazón, pulmones y arteria grande, que comienza desde el corazón y llega hasta ellos (arteria pulmonar). Las anomalías del ritmo cardíaco y la cardiomegalia se pueden detectar mediante un electrocardiograma.

El ultrasonido cardíaco (ecocardiograma) puede ayudar a determinar la salud del corazón con vistas a la terapia y la posible presencia de filariasis. Estas pruebas también se utilizan para determinar el estado de salud de los órganos internos y son necesarias para comprobar el estado de salud del perro para una posible terapia.

La terapia comienza con la eliminación de los nematodos avanzados y dura aproximadamente un mes. Los parásitos muertos son absorbidos por el cuerpo. La siguiente etapa se refiere a los parásitos y descendientes más jóvenes. En casos extremos, puede ser necesaria la extirpación quirúrgica.

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